La tortuga laúd es el reptil vivo más grande del mundo, con un peso de entre 200 y 700 kilogramos en la edad adulta. A diferencia de otras especies de tortugas marinas, la laúd se alimenta en aguas frías y viaja a las aguas cálidas del trópico, donde otras especies de tortuga habitan, sólo para anidar.
Las poblaciones del Pacífico —consideradas el principal bastión de la especie— muestran una caída drástica. En México, a pesar de más de una década de iniciativas de protección, la población se encuentra en grave peligro de colapso: el número de hembras que acuden a las playas a anidar se redujo de 70 mil en 1980 a alrededor de 60 en 2002.
Ejemplares adultos y subadultos mueren en forma rutinaria, atrapados incidentalmente en los palangres o líneas largas y otras artes de pesca. La urbanización en las playas, la contaminación, la cacería furtiva y las colisiones con embarcaciones también han contribuido a la mortalidad de la tortuga laúd.
Como tal, el PAANC recomienda la protección de nidos y el control de depredadores; la instrumentación de modificaciones en las artes de pesca y medidas de mitigación en las palangres; la suspensión de las descargas en el mar de desechos que pueden afectar a las tortugas marinas, y la creación de un fideicomiso trinacional o un mecanismo similar para apoyar iniciativas de conservación internacionales, nacionales y locales.
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