Tráfico en la frontera causa dificultades respiratorias en niños
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Por Jamie Bowman


Una capa de esmog envuelve a la fronteriza Ciudad Juárez.

Si bien el libre comercio entre Canadá, EU y México ha traído una profusión de productos a través de las fronteras, también es cierto que la contaminación generada por decenas de miles de vehículos que esperan en los transitados cruces fronterizos ocasiona algo más que hermosos atardeceres.

La salud de la población infantil aledaña es víctima de esta abundancia comercial.

En un estudio reciente auspiciado por la CCA se encontró una "relación significativa" entre los días en que se registran lecturas elevadas del ozono en Ciudad Juárez, Chihuahua, y el repunte en el número de niños con dificultades respiratorias que visitan las salas de urgencias de esa ciudad fronteriza.

Al parecer, los niños menores de cinco años son especialmente vulnerables al ozono, afirma la investigadora principal del estudio, la doctora Isabelle Romieu del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

En el estudio se observó que cuando la concentración de PM10 (partículas menores de diez micras que por inhalación pueden depositarse en la parte profunda de los pulmones) se elevaba durante dos días consecutivos, en los días siguientes aumentaba la tasa de mortalidad por enfermedades respiratorias en menores de escasos recursos de entre un mes de nacidos y un año de edad. No obstante, este aumento no se registraba en la tasa de mortalidad de niños pertenecientes a estratos socioeconómicos más altos.

Igualmente inquietante resultó la conclusión de que otros problemas respiratorios se presentan incluso cuando las concentraciones de ozono al nivel del suelo son relativamente elevadas, aunque sin alcanzar la norma mexicana de 110 partes por mil millones medidas durante una hora.

Lo anterior da elocuentes muestras de que las regulaciones de que dispone México en materia de contaminación no protegen adecuadamente la salud de su infancia, asevera la doctora Matiana Ramírez Aguilar, coinvestigadora del proyecto. "Es hora de modificar la norma", señala.

No obstante, individualizar el caso de México y la industria del transporte no es suficiente, según el doctor David Bates, profesor emérito de la Universidad de Columbia Británica y experto en contaminación atmosférica.

Bates hace un llamado a que las leyes y regulaciones de cada nación se enfoquen debidamente en la protección de la salud humana. "La verdadera amenaza para la sociedad es la contaminación atmosférica, no su control, a pesar de que los argumentos de industrias contaminantes y sus defensores señalan lo contrario."

Cita, además, una letanía completa de estudios realizados alrededor del mundo que demuestran el peligro claro y presente, y señala: "El hecho de que la contaminación atmosférica realmente mata y afecta a la infancia rebate ya cualquier controversia creíble".

"Durante los primeros años, los niños son hospitalizados a causa de la contaminación atmosférica; en las siguientes etapas, los pulmones presentan un retraso en el crecimiento, para entrar en la edad adulta con síntomas de padecimientos crónicos. Durante todo este tiempo están cada vez más expuestos al riesgo de morir y desarrollar enfermedades serias, incluso mortales", asevera Bates.

Romieu concuerda al señalar: "Queda claro que se necesitará la participación y determinación conjunta de los gobiernos y la sociedad civil, en las esferas regional, nacional y estatal".

Lo que no debe sorprender es el solo volumen de emisiones generadas por las filas de vehículos esperando en El Paso y Ciudad Juárez, de acuerdo con el doctor Carlos Rincón, director del proyecto Calidad del Aire para Environmental Defense en El Paso, Texas.

Se trata de la arteria de cruce fronterizo más congestionada del mundo: se estima que un promedio de 250 mil personas arriba cada día a los puestos de control y puentes adyacentes para cruzar el río Bravo, agrega.

Después del 11 de septiembre de 2001, al reforzar la seguridad en la frontera se incrementó el tiempo de espera promedio para ingresar a Estados Unidos, pasando de 45 minutos a dos o tres horas en un día normal, comenta Rincón. Además, señala, en los días en que el servicio de seguridad de EU coloca una "alerta naranja", la espera puede llevar hasta cuatro o más horas.

En la actualidad, decenas de miles de motores se mantienen encendidos en las largas filas que serpentean a cualquier hora del día, en un lento avance, mientras arrojan al aire toneladas de contaminantes.

Las demoras son considerablemente más largas para cruzar de México a Estados Unidos que en sentido contrario. Además, como es lógico, los niveles de contaminación atmosférica en Ciudad Juárez son mucho más elevados que en la ciudad vecina de El Paso.

No obstante, de acuerdo con Paul Miller, gerente del programa Calidad del Aire de la CCA, el problema de la contaminación atmosférica no atañe únicamente a Ciudad Juárez.

"Cualquiera de nuestros cruces fronterizos congestionados -y existen varios a lo largo de las fronteras internacionales entre Canadá, Estados Unidos y México- ha presentado en uno u otro momento niveles de ozono que alcanzan estas concentraciones", asevera. "Debemos encontrar la forma de reducir las demoras en las fronteras."

Miller cree que queda mucho por hacerse para remediar un problema de tal magnitud.

Una posibilidad es la creación de áreas de espera consolidadas, alejadas de la población, para que los camiones puedan avanzar en grupos; pero los motores dísel para carga pesada deben mantenerse encendidos para mantener la temperatura del combustible, por lo que en algunos sitios en EU se ha intentado proporcionar calentadores eléctricos.

"Definitivamente ayudaría si se redujera la cantidad de azufre en el dísel que se vende en México", agrega.

Para el año próximo, EU habrá introducido paulatinamente nuevos niveles de control para la emisión de azufre y, en 2007, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EU exigirá una reducción de 97% en el contenido de azufre de las emisiones de motores dísel para carga pesada en autopistas, de su nivel actual de 500 partes por millón a 15 partes por millón. La política señalada por el Ministerio de Medio Ambiente de Canadá es seguir el ejemplo, aunque en México todavía está en consideración.

El estudio de 2001 encargado por la CCA, Corredores de comercio y transporte de América del Norte, recomendaba prestar más atención al transporte ferroviario y marítimo, hacer más eficientes los procedimientos aduaneros en las fronteras, así como ofrecer una mayor disponibilidad de combustibles alternativos, como el gas natural, en las principales rutas de transporte.

Hoy día, la CCA continúa con un estudio de seguimiento en Ciudad Juárez. Se han instalado monitores de contaminación atmosférica en los techos de las escuelas cercanas a las autopistas más transitadas y en las áreas metropolitanas con mayor congestionamiento de tránsito fronterizo, al tiempo que investigadores de campo someten diariamente a estudiantes a pruebas de muestras de aliento.

Las primeras conclusiones del estudio de seguimiento, dirigido por el doctor Fernando Holguín de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta, parecen corroborar la versión de Romieu, quien sostiene una asociación entre la contaminación atmosférica y la delicada salud respiratoria de la infancia.

"Hemos descubierto, en resultados preliminares, que los alumnos de escuelas ubicadas en zonas congestionadas presentan mayor incidencia de inflamación de las vías respiratorias", señala Holguín. Se monitorea tanto a niños asmáticos como a menores sin ninguna manifestación.

Rincón asegura que los resultados del primer estudio de la CCA dejan en claro que los encargados de tomar decisiones deben destinar mayores recursos y energía al asunto de la contaminación atmosférica en Ciudad Juárez y jurisdicciones fronterizas similares. Asimismo afirma que los gobiernos deben asumir la responsabilidad de la protección de la salud pública tanto como la salud económica.



Acerca de...

Jamie Bowman
Jamie Bowman es escritor, editor e investigador privado con licencia. Vive en Comox, Columbia Británica, Canadá.

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